Nido Livensa Group ha comprado un edificio de oficinas de 10.000 metros cuadrados en el distrito florentino de Rifredi para convertirlo en residencia de estudiantes, con una inversión superior a los 50 million. El inmueble se sitúa entre los campus universitarios de Morgagni-Careggi y Novoli, en una ciudad donde la demanda de alojamiento estudiantil supera con holgura a la oferta.
Carlo Matta, consejero delegado de Livensa, resume la operación sin rodeos: Florencia «no necesita más oficinas vacías, necesita lugares donde los estudiantes puedan vivir». Y añade que es «el tipo de operaciones que queremos seguir impulsando».
Esa frase describe con precisión la estrategia del grupo, que ya no busca solo suelo sino edificios existentes con potencial de reconversión: oficinas, complejos de uso mixto y activos próximos a los grandes campus. Trabaja con entidades financieras, promotores y propietarios tanto para desarrollar desde cero como para adquirir y transformar lo que ya está construido. La compañía cuenta con el respaldo de CPP Investments.
Italia se ha convertido en mercado prioritario: es la tercera compra del grupo en el país en menos de un año, tras Milán y Turín en 2025, y eleva su cartera italiana por encima de las 1.300 camas. El atractivo lo explican la demanda universitaria, el aumento de estudiantes internacionales y una escasez persistente de alojamiento diseñado para ese perfil. En la operación han asesorado Greenberg Traurig, CBRE y PwC.
El plan europeo es igual de explícito: pasar de las 13.000 camas que gestiona hoy a 25.000 antes de 2031, con presencia en Italia, España, Portugal y Alemania. La compañía estudia además ampliar selectivamente su modelo hacia otros formatos de Alojamiento Flexible allí donde sus ubicaciones y su capacidad operativa le den ventaja. En España, su cartera fue adquirida por Nido Living en 2025 en una transacción valorada en 1.2 billion euros, con más de 3.000 camas en diez activos de Madrid, Sevilla, Valencia, Lisboa y Oporto.
Ese último apunte es el que conviene subrayar. Un operador de residencias de estudiantes con trece mil camas planteándose saltar a otros formatos de alojamiento no es una nota al pie: es la confirmación de que las fronteras entre segmentos se están borrando. El edificio, la operativa y el equipo son casi los mismos; cambia el perfil del huésped y la duración de la estancia. Quien domina la gestión de miles de camas con rotación académica tiene ya resuelto el 80% de lo que exige operar Flexible Accommodation, y llega además con el músculo financiero de un fondo de pensiones detrás.