Momentum Reim ha situado su cartera de Flexible Accommodation en torno a 8.000 camas, con otras 5.000 unidades en desarrollo y el objetivo de sumar unas 7.000 más. La gestora que Gabriel Fernández de Gamboa fundó en 2008 acumula 54 proyectos —21 en régimen de cooperativa, 20 residenciales y 13 de este producto—, 7.200 unidades entregadas y 1.400 millones de euros from equity desplegados, según detalla en una entrevista con EjePrime.
El dato que mejor explica por qué funciona el modelo es de bolsillo. Su driver, cuenta, eran los tickets mensuales por debajo de 1.000 euros, y la comparación con un alquiler convencional la hace sumando lo que el inquilino paga aparte: entre 350 y 400 euros más al mes en suministros, amueblamiento o gimnasio. «El flex es un producto nuevo y digno a un precio muy competitivo», resume. El perfil que ha acabado ocupándolo no es el que se esperaba: renta media en torno a los 40.000 euros, mucho cliente internacional, personas separadas y profesionales desplazados. En Alcobendas una corporación reserva unidades para sus cursos de formación; en Carabanchel pesan más los estudiantes.
La compañía entró en este segmento en 2019, cuando detectó el hueco del hotel apartamento para estancias medias y largas, y arrancó con 2.504 camas en Rivas, San Sebastián de los Reyes y Valdebebas. Trabaja con Bain Capital como socio de referencia, promueve casi siempre por encima de las 400 habitaciones porque la escala abarata la operación, y se mueve en la periferia metropolitana: Valdebebas, Carabanchel, Las Tablas, Alcobendas, Rivas, Barakaldo o Sant Cugat. Ahora busca suelo en el cinturón de Barcelona, Valencia y Málaga.
Sobre el riesgo regulatorio, su argumento es de encaje jurídico: son contratos de hospedaje temporal con marco propio, distinto del arrendamiento de vivienda. «Somos hoteles de una, dos o tres estrellas menos dirigidos al turismo y al corto plazo y más al medio plazo con ocupaciones mayores, menor rotación y tickets más bajos», sostiene. Y avisa de que donde hay inseguridad normativa el capital institucional se vuelve cauto y la oferta acaba resintiéndose. La compañía, cuyo consejero delegado es Ignacio Pareja, socio del fundador y ponente en Vitur Summit 2026, trabaja además en vivienda protegida en alquiler sobre suelo terciario al amparo de la normativa madrileña.
Su apuesta a largo plazo, sin embargo, está en el Retirement Communities: «No dejaremos de hablar de senior en 50 años, será imparable». Ahí señala dos frenos concretos, los ratios de personal por residente y el tope de 150 camas que fijan algunas comunidades, y defiende que el producto necesitará apoyo público para que salgan los números, igual que la vivienda protegida. En residencias de estudiantes calcula que caben 50.000 camas más in Spain.
Lo más revelador es el reloj del negocio. Sus planes prevén tres años entre licencia y promoción y dos más entre estabilización y venta, pero de los activos desarrollados hasta ahora solo ocho han llegado a explotarse un año: el resto se vendió llave en mano, sin haberlos operado nunca. Es la señal de un producto que el inversor compra por el plano y no por la cuenta de resultados, y explica por qué el sector discute tanto de camas prometidas y tan poco de ocupaciones reales.