Barcelona lleva dos años retirando capacidad de alojamiento turístico. En ese mismo periodo ha ido sumando camas de estudiante. No es una contradicción del Ayuntamiento: son dos categorías administrativas distintas, y ahí está lo que conviene entender de esta apertura.
Livensa Living ha inaugurado Livensa Living Barcelona Parallel with 400 camas, coincidiendo con el arranque del curso 2026-2027. Es su cuarto edificio en la ciudad. Está en la Avinguda del Paral·lel, 25-37, en el distrito de Sants-Montjuïc, junto a las paradas de metro de Paral·lel y Drassanes, y a pocos minutos de los campus de la Universitat Pompeu Fabrathe Universitat de Barcelona, Elisava, EADA y EAE.
Orianna Tosta, responsable regional de la compañía, sitúa la apertura en la escasez: además de describir Barcelona como «una de las ciudades universitarias más atractivas de Europa», presenta el proyecto como una contribución a «aliviar la escasez de oferta de alojamiento». La compañía añade que sus residentes puntúan con un 4,16 sobre 5 su satisfacción, dato propio y no verificable de forma independiente.
El contraste con lo que ocurre a unas calles de allí es lo interesante. Hemos contado aquí las dos caras del cerco al piso turístico en Barcelona: el informe que PwC elaboró para Apartur cifraba en 1.900 millones de euros y 40,000 jobs el impacto de eliminar las licencias, señalando además que esas viviendas apenas representan el 1% del parque residencial; y en diciembre Airbnb retiró 2.479 anuncios irregulares a instancias del consistorio.
Es decir: una ciudad que reduce plazas por un lado y las autoriza por otro. La diferencia no está en el edificio, ni en el operador, ni siquiera en el huésped —un estudiante internacional de posgrado y un profesional desplazado se parecen bastante—. Está en la etiqueta administrativa. El piso turístico se percibe como competencia de la vivienda; la residencia de estudiantes se presenta como parte de la solución. Con la misma actividad de fondo, una crece y la otra se contrae.
Para Livensa, la operación encaja en una expansión que ya venimos siguiendo. En junio contamos su reconversión de un edificio de oficinas en Florencia, con más de 50 millones de inversión, tercera operación italiana en menos de un año y una cartera que superaba allí las 1.300 camas. La compañía trabaja en residencias de estudiantes y en Flexible Accommodation en el sur de Europa, y ambas piezas responden al mismo movimiento.
La lección para cualquier operador es incómoda pero clara: hoy, en según qué ciudades, la categoría de licencia decide más sobre tu capacidad de crecer que la demanda. Barcelona tiene demanda para las dos cosas y solo permite ampliar una.
Conviene, eso sí, no leerlo como un atajo. Una residencia de estudiantes factura nueve o diez meses al año y vive del calendario académico, no de la estacionalidad turística. Cambiar de etiqueta no es cambiar el rótulo de la puerta: cambia el calendario de ingresos, el perfil de contrato y la operativa entera. Quien mire hacia el PBSA huyendo de la regulación del Flexible Accommodation debería hacer antes esa cuenta.