Durante años, cuando el sector hablaba de mayores, hablaba de otra cosa: residencias, senior living, producto especializado con su propio nombre y su propia cuenta de explotación. Lo que asoma ahora en los datos es distinto. Los mayores de 50 años están apareciendo como demanda del Flexible Accommodation corriente, en la misma lista que los profesionales desplazados y los nómadas digitales.
El perfil que describe el sector es concreto: adultos a partir de los cincuenta, solos o en pareja, sin hijos, que quieren conservar su independencia pero con acceso a servicios y a vida social. Lo que les atrae del formato es exactamente lo que atrae a un profesional en tránsito —menos compromiso que un alquiler convencional, servicios incluidos, sin ataduras de años—, y no una oferta pensada para su edad.
El ejemplo español es conocido en esta casa. Cando Living, en La Moraleja, lo impulsa JV20 Investment & Advisory y lo gestiona Yurbban Hospitality Group. Cubrimos su lanzamiento en marzo de 2025, cuando se presentaba como marca premium de senior living. Diecisiete meses después, lo interesante no es el proyecto sino la casilla en la que se le cuenta: combina apartamentos privados, zonas comunes y servicios de salud, bienestar, cultura y ocio, e incorpora un sistema por el que los residentes participan en determinadas decisiones cotidianas. Desde la compañía lo resumen como «una nueva forma de vivir con flexibilidad, pero también con conexión».
La cifra que acompaña al movimiento es la que conviene retener: los aumentos anuales de demanda que maneja la compañía para el segmento se sitúan entre el 45% y el 55%. Va en paralelo a la ampliación de oferta que ya hemos contado —el stock nacional camina hacia las 39.000 plazas en 2028— y a un desplazamiento geográfico conocido: Madrid concentra el desarrollo, pero cada vez más hacia la corona metropolitana, donde sí hay suelo para levantar edificios pensados desde el plano para este uso.
Esa coincidencia entre el perfil nuevo y el traslado a la periferia no es casual, y aquí está lo que más debería interesar a un operador. Un matrimonio de cincuenta y tantos sin hijos no necesita estar en el casco antiguo: necesita estar bien comunicado, con servicios cerca y espacio suficiente. Encaja mejor que nadie en el edificio de la corona metropolitana que la regulación del centro está empujando a construir.
Y cambia los números por debajo. Frente a un nómada digital, ese residente firma estancias más largas, rota menos y sostiene mejor la ocupación de temporada baja, que es donde se decide el año. El coste de captarlo se amortiza sobre muchos más meses. La consecuencia es que el Flexible Accommodation deja de competir solo con el hotel y el apartamento turístico y empieza a competir, de frente, con el alquiler residencial de toda la vida. Que es un mercado bastante más grande.