Un edificio de oficinas obsoleto y en desuso en el número 18 de la calle Maestro Alonso, en el Distrito de Salamanca de Madrid, va a reabrir convertido en Flexible Accommodation. Es el proyecto MA18 que impulsa Simplifika Capital: 1.166 metros cuadrados distribuidos en cinco plantas que albergarán estudios de alto standing con estancias adaptables y servicios de corte hotelero.
La operativa la aportará Limehome, bajo cuyo modelo funcionará el activo. El operador alemán trabaja con un sistema digitalizado que automatiza por completo el registro y el acceso de los usuarios, sin recepción física. Es la fórmula que permite explotar edificios pequeños con costes de estructura contenidos, algo determinante cuando el activo tiene poco más de mil metros y no da para sostener una plantilla en recepción.
La compañía enmarca la operación en su estrategia de valor añadido, que prioriza el reposicionamiento y la actualización técnica de estructuras ya construidas antes que la demolición. Desde Simplifika lo formulan así: el proyecto demuestra que «el éxito del desarrollo urbano actual ya no consiste en construir más, sino en transformar mejor lo que ya tenemos edificado». Y reivindican haber «devuelto la actividad a una edificación de oficinas que había quedado totalmente obsoleta», convirtiéndola en un activo que beneficiará al tejido comercial y social del barrio.
La operación llega en un momento que conviene dimensionar. Según el último Snapshot de Living from Colliersthe Flexible Accommodation movilizó 425 millones de euros en el primer semestre de 2026, frente a los 3.560 millones del multifamily. Es decir, el segmento que más se nombra en las conversaciones del sector es todavía el que menos capital absorbe dentro del living. Y buena parte de ese volumen no lo mueven grandes carteras, sino operaciones como esta: edificios de mil metros, uno a uno.
Ahí está lo interesante del caso. La reconversión de terciario obsoleto se ha convertido en la vía de entrada natural del segmento —el suelo residencial está cada vez más cerrado por la regulación y el terciario bien ubicado escasea—, pero exige encontrar inmuebles pequeños, negociar uno por uno y tener un operador capaz de rentabilizarlos sin estructura pesada. Es un trabajo de sastrería, no de confección industrial. Los grandes fondos no bajan a ese tamaño de operación, y por eso queda espacio para gestores medianos que sepan detectar el edificio adecuado y emparejarlo con la tecnología que lo hace viable.