Resa ha inaugurado Resa Torres Gasteiz, una residencia de estudiantes de 224 plazas situada en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco, junto a la Facultad de Economía y Empresa. Son unos 5.800 metros cuadrados construidos repartidos en dos edificios, con estudios individuales y dobles con cocina propia y apartamentos en los áticos, con terraza y capacidad para hasta tres estudiantes, además de salas de estudio, gimnasio y zonas comunes.
Es su segunda residencia en Vitoria, donde ya gestiona Resa Tomás Alfaro Fournier, y la sexta en el País Vasco, con presencia en los tres territorios. La operadora suma más de 12,000 beds at 46 activos repartidos por 23 ciudades, con más de 70 acuerdos con universidades e instituciones.
El detalle que distingue esta apertura está en el suelo: el proyecto se ha desarrollado sobre terreno público municipal en régimen de concesión del Ayuntamiento de Vitoria. No es un matiz administrativo menor. En un año en el que el sector repite que el problema es encontrar parcelas a precio razonable, la concesión municipal resuelve el cuello de botella por otra vía: el suelo no se compra, se cede por un plazo, y el coste de entrada del proyecto baja en consecuencia.
A cambio, el operador asume una condición que no tiene quien compra: al final de la concesión, el edificio revierte. Eso ordena el plan de negocio de otra manera, porque la rentabilidad hay que sacarla de la explotación y no de la venta del activo estabilizado, que es justo lo contrario del circuito que venimos contando en este segmento, donde promotoras como Merkel construyen, estabilizan y rotan la cartera para volver a empezar.
Marta Sánchez, consejera delegada de la compañía, enmarca la apertura en su apuesta por ciudades con proyección académica: «Vitoria es un enclave estratégico para Resa y estamos muy orgullosos de seguir ampliando nuestra presencia en Euskadi». La residencia nace para atender la demanda creciente de alojamiento de los estudiantes de la UPV, incluidos los que llegan de otros puntos de España y del extranjero.
Un apunte de calendario que conviene no pasar por alto, porque es la clase de dato que rara vez se cuenta: la compañía anunció esta apertura en marzo con las obras previstas para julio y la inauguración fijada el 1 de septiembre, a tiempo para el inicio del curso. Se ha retrasado un mes. En un producto que factura por curso académico y no por noche, llegar en octubre en lugar de en septiembre significa empezar con el edificio a medio llenar y recuperar ocupación durante el año.
Ahí está la lectura para el sector. Mientras la discusión pública se centra en cuántas camas faltan —Activum calculaba en septiembre 5,5 estudiantes desplazados por cada plaza disponible—, los proyectos se juegan su primer ejercicio en detalles de obra y de licencia, igual que ocurre en el Flexible Accommodation con el que este producto comparte inversor y operativa. La demanda está; el problema es llegar a tiempo al primero de septiembre.