Impar Capital y Marriott International han presentado Palacio Residencial Sagasta, un proyecto de residencias de marca que se incorporará a The Luxury Collection Residence y que convertirá un edificio histórico de más de 10.000 metros cuadrados, en los números 31 y 33 de la calle Sagasta de Madrid, en 17 viviendas de uno a cuatro dormitorios. Es el segundo proyecto conjunto de ambas compañías, después del edificio Pakea en San Sebastián.
El inmueble lo levantó a finales del siglo XIX el arquitecto Luis de Landecho y Jordán de Urríes, y su historia explica buena parte de la operación. «Había diseñado este edificio para una familia vasca, muy pensado para un uso residencial. Nosotros básicamente, después de esos años que pasó por uso de oficinas, lo recuperamos con 17 viviendas para residencial», ha explicado a EjePrime el consejero delegado de Impar, Roberto Perri. La rehabilitación mantendrá el protagonismo de la fachada y renovará los interiores, con diseño de Impar Design y paisajismo de Jesús Ibáñez.
Desde el lado de la marca, Jaidev Menezes, vicepresidente regional de desarrollo de proyectos de uso mixto para EMEA de Marriott, subraya el criterio de selección: «Esta colaboración refleja nuestro enfoque estratégico a la hora de seleccionar oportunidades muy concretas y trabajar con promotores que comparten nuestro compromiso con un diseño cuidado, una calidad excepcional y una conexión auténtica con el lugar». Las dos firmas resumen la propuesta en cuatro principios: arquitectura, privacidad, servicio y vínculo con la cultura de la ciudad.
La operación encaja con algo que contábamos hace dos semanas. La consultora Barnes situaba a Madrid a la cabeza de su índice de ciudades por interés internacional en este producto, con el Mandarin Oriental de Recoletos ya entregado y las Four Seasons de Canalejas en el centro. Sagasta añade una tercera enseña hotelera global al mapa urbano de la capital.
Vale la pena fijarse en la escala, porque distingue dos mercados españoles distintos. En la Costa del Sol, donde se concentra el 90% de los proyectos del país, Colliers contaba 22 desarrollos y 1.308 unidades: producto nuevo, muchas puertas, resort. En Madrid el formato es el contrario, el edificio histórico recuperado con una veintena de viviendas y un ticket alto. Son dos negocios que comparten etiqueta y poco más.
Y ahí asoma la pregunta que dejamos planteada a principios de mes al hablar de la reventa de estos activos. Lo que el comprador paga por encima del mercado no es el ladrillo, sino el contrato de servicio que sostiene la marca, con una vida contractual que suele moverse entre los diez y los veinte años. En un edificio de 17 viviendas ese servicio se reparte entre muy pocas puertas, de modo que cada gasto común pesa más en la cuota de cada propietario que en un complejo de cientos de unidades. El prestigio de la dirección y la rehabilitación son el argumento de venta; la economía del día a día se decidirá en esa división.