Limehome se ha fijado llegar a 25.000 unidades bajo contrato en 2030. El operador alemán, que combina alojamientos de diseño con tecnología propia para resolver la estancia sin mostrador, gestiona ya más de 1.000 unidades en España y tiene otras 2.500 firmadas que se irán incorporando en los próximos cinco años, además de las 600 a 1.000 que espera cerrar a lo largo de este ejercicio.
El matiz que subraya la compañía no es el volumen, sino el filtro. «Elegir bien es para nosotros más importante que nunca», afirma Josef Vollmayr, cofundador y co-CEO, que advierte de que la mayor actividad del mercado inmobiliario no convierte automáticamente cualquier proyecto en viable. Antes de firmar miran ubicación, demanda hotelera, condiciones normativas y números: «Lo haremos reuniendo las ubicaciones y a los socios adecuados en torno a nuestro modelo».
Su cartera europea explica a qué se refiere con flexibilidad. Participa en la reconversión de edificios en Berlín y Bruselas, en la recuperación de un inmueble histórico en Bremen, en un proyecto de uso mixto en Lugano y en una promoción nueva en Sylt. Cinco situaciones distintas con el mismo producto dentro, porque el diseño y la distribución de las suites se adaptan a cada edificio.
La otra pata es quién pone el inmueble. Propietarios institucionales como Aroundtown en Fráncfort, Baltisse Real Estate en Bruselas o Colliers Global Investors Italy SGR en Milán le han entregado la explotación de sus activos. Es el mismo movimiento que describíamos al contar el fichaje del director de expansión de Numa: crecer gestionando edificios ajenos, sin cargarlos en balance, mientras otros operadores compran el ladrillo.
En España, además del crecimiento, la compañía está renovando el diseño de sus suites, ya implantado en Valencia, Bilbao y Madrid, con materiales más cálidos y una imagen más homogénea entre establecimientos. Es el tipo de detalle que distingue hoy a los operadores de Alojamiento Flexible, donde la marca empieza a competir con la ubicación.
Hay una coincidencia que merece un apunte. Hace tres días contábamos que Livensa Group se marcaba 25.000 camas para 2031. Ahora Limehome fija 25.000 unidades para 2030. Cifras casi idénticas en compañías y productos distintos, y conviene no leerlas como equivalentes: una cama y una unidad no son lo mismo, y «bajo contrato» tampoco significa en funcionamiento. En un sector que todavía no se pone de acuerdo en qué cuenta como inventario, los objetivos redondos se parecen más de lo que se parecen los negocios.
Lo interesante del caso de Limehome es, en realidad, el contraste con el ambiente. En el mismo mes en que los inversores reunidos en Madrid admitían que los decretos han congelado firmas, un operador anuncia entre 600 y 1.000 unidades nuevas en España este año. La diferencia está en quién asume el riesgo: para quien compra edificios, la incertidumbre normativa bloquea la decisión de inversión; para quien solo firma la gestión, el riesgo regulatorio lo soporta el propietario del inmueble. Por eso el modelo ligero avanza justo cuando el pesado se detiene.