EjePrime recogió el mensaje que inversores, operadores y gestores trasladaron en Vitur Forum Madrid 2026: los reales decretos de vivienda aprobados por el Gobierno apuntan al residencial tradicional, pero el Alojamiento Flexible no ha salido indemne. Se han paralizado compraventas de activos y firmas de contratos, y el sector reclama seguridad jurídica a largo plazo.
Teresa Marzo, asesora sénior de Q-Living, trazó durante su intervención la distinción que importa: el inversor sabe jugar con el riesgo, pero «de lo que huye siempre es de la incertidumbre regulatoria, que paraliza las inversiones y las operaciones, por lo que se necesita seguridad jurídica para estas entradas de capital». En el mejor de los casos, avisó, todo quedará en un retraso de actividad, aunque ese retraso también puede empujar los precios al alza.
Juan Barba, asesor sénior de Meridia Capital, lo resumió sin rodeos: «Dos decretos diferentes en 15 días es algo que asusta y paraliza mucho flujo de dinero inversor». Juan Acosta, director de Inversiones de Rockfield, coincidió en el diagnóstico —«el capital es muy flexible, por lo que la inversión va a sufrir un parón en el sector»— pero matizó que este segmento podría incluso beneficiarse a corto y medio plazo, por tener un ecosistema que tiende a consolidarse. Su advertencia fue otra: que el interés actual encarezca los precios y acabe desviando el capital hacia otros países.
Los números que se manejaron sostienen las dos lecturas. El sector movilizó 811,7 millones en lo que va de año —425 de ellos en el primer semestre— y espera alcanzar los 1.000 millones al cierre, en línea con los 4.450 millones del último lustro. El parque operativo sigue en unas 16.500 camas, camino de las 40.500 previstas para 2028. El grueso va a la larga estancia: de los 1.770 millones de 2024, más de 1.650 fueron para ese formato.
Por segmentos, las residencias de estudiantes son el más activo, con 780 millones invertidos solo en el primer trimestre. Los apartahoteles acumulan 392 millones en dos años y España prevé 2.200 unidades hasta 2029, tercera de Europa tras Reino Unido y Alemania. Las residencias de marca suman 3.469 millones de valor de mercado, y el Senior Living supera las 4.000 unidades operativas y aspira a duplicarlas en 2030.
Carlos Pérez-Lanzac, fundador de Vitur, situó el origen del fenómeno entre 2013 y 2017, cuando el crecimiento urbano y la movilidad dispararon el segmento sin un marco normativo claro, según un estudio de Savills. La regulación llegó después, primero a los destinos urbanos y más tarde a los vacacionales, empezando siempre por los más maduros.
Lo interesante es contrastar esto con lo que publicábamos hace tres días. Expansión describía el Alojamiento Flexible como un imán inversor con esas mismas cifras de Savills, y aquí el sector admite que las firmas están paradas. Las dos cosas son ciertas a la vez, y esa es la noticia: el dinero sigue mirando el producto, pero ha dejado de ejecutar.
El detalle que conviene retener es que la norma que frena no va contra este sector, y aun así ha congelado operaciones. El capital no distingue entre la norma que le afecta y el ruido que la rodea: ante un marco que cambia dos veces en quince días, espera. De ahí que la receta de Marzo —ocupación, rotación, costes operativos, evolución de rentas— sea tan concreta: cuando no puede prometerse estabilidad regulatoria, lo único que desatasca un comité de inversión son los números de explotación.
Lee la noticia completa en EjePrime aquí: La incertidumbre regulatoria y política llega al ‘flex living’, que frena sus inversiones.