La intención era clara: facilitar el acceso a la vivienda. Pero dos años después de que la Ley de Vivienda echara a andar en mayo de 2023, la realidad en el mercado del alquiler en España es un jarro de agua fría, una paradoja que duele: menos oferta y precios desbocados.
Los números no mienten y dibujan un escenario preocupante. A nivel nacional, la disponibilidad de viviendas en alquiler se ha desplomado un 18% en 2024 en comparación con 2022. Una cifra que, por sí sola, ya invita a la reflexión. Pero la caída es aún más acusada en algunas regiones, revelando las zonas más castigadas por esta contracción.
Imagina un efecto dominó: Castilla-La Mancha lidera este descenso con una impresionante reducción del 37% de la oferta de alquiler. Le sigue de cerca Canarias, que ha visto cómo sus opciones de alquiler menguaban un 33%. Cataluña y Madrid, dos de los grandes motores económicos del país, tampoco escapan a la tijera, con caídas del 26% y 23% respectivamente. Las Islas Baleares, un paraíso que también se enfrenta a la escasez, ha experimentado una reducción del 22%, mientras que Andalucía, aunque con una caída más moderada, registra un 13% menos de viviendas disponibles.
¿El resultado directo de esta escasez? Un incremento imparable en los precios. En todo el país, el coste del alquiler se ha disparado un 15,8% en 2024 respecto a 2022. Y lo más chocante: en las zonas donde se han aplicado los controvertidos topes de precios (zonas de control), los precios han subido aún más, un 14,3%, superando incluso el 12,3% de incremento en las áreas sin control. Una evidencia que parece contradecir el espíritu de la ley.
¿Por qué los propietarios están retirando sus viviendas del mercado de alquiler tradicional? La respuesta, según se desprende de la situación, apunta a la incertidumbre legal, las restricciones del control de rentas y una sensación de inseguridad judicial, en ocasiones ligada a la ocupación. Ante este panorama, muchos están optando por modelos de alquiler más flexibles y menos regulados.
Y aquí es donde el Alojamiento Flexible, en sus modalidades de alquiler de temporada o turístico, está ganando terreno. En ciudades como Madrid, el 10% de las nuevas ofertas de alquiler son de temporada, y un 6% son turísticas. En Barcelona, las cifras son aún más impactantes: el 20% son alquileres de temporada y el 10% se destinan al turismo. Valencia se sitúa con un 15% de temporada y un 10% turístico, mientras que Málaga registra un 14% de temporada y un 12% de uso turístico. Un trasvase claro de la vivienda tradicional hacia un Alojamiento Flexible que ofrece otras garantías o atractivos para el propietario.
El futuro inmediato no parece más halagüeño. Las previsiones sugieren que la oferta de alquiler seguirá contrayéndose, y los precios, lamentablemente, continuarán su ascenso. Una situación que, como bien se señala desde el sector, ha provocado «el efecto contrario al que perseguía» la ley. Una realidad que exige un análisis profundo y soluciones que verdaderamente equilibren la protección del inquilino con la confianza del propietario, si queremos que la vivienda deje de ser un laberinto en España.