En un contexto global marcado por una sucesión de perturbaciones geopolíticas, la economía española ha logrado un dinamismo notable, superando el crecimiento promedio anual del PIB (2022-2024) de la zona del euro. Este desempeño, a diferencia de periodos anteriores, se ha producido sin acumulación de desequilibrios macroeconómicos. Un factor clave detrás de esta fortaleza es, sin duda, el sector turístico.
El dinamismo de las exportaciones de turismo ha contribuido de manera excepcionalmente positiva a la evolución económica. El peso de los ingresos por turismo en el PIB ha crecido significativamente, con un aumento de 1,5 puntos porcentuales entre 2004 y 2024, alcanzando el 6,2% del PIB.
Las cifras de llegadas de turistas son igualmente contundentes. En 2024, España recibió cerca de 94 millones de turistas extranjeros, lo que representa 10 millones más que en 2019, antes de la pandemia. Este aumento ha sido generalizado en las economías del Mediterráneo, pero con una intensidad notablemente mayor en España. Mientras que el total mundial apenas varió un -0,1% y Europa creció un 1,6% en llegadas de turistas extranjeros (comparado con 2019), Europa mediterránea creció un 8,6% y España un sobresaliente 12,3%.
Este dinamismo turístico no solo se refleja en el volumen, sino también en una diversificación temporal y geográfica de los flujos. Las pernoctaciones hoteleras de viajeros extranjeros han mostrado un aumento del 18,7% en marzo de 2024 respecto al mismo mes de los años previos a la pandemia, indicando una desestacionalización del turismo. En cuanto a la diversificación geográfica, si bien destinos insulares como Baleares y Canarias siguen siendo populares, otras regiones y ciudades del interior y el Mediterráneo también han experimentado un crecimiento significativo en pernoctaciones.
Además, se observa un cambio en la procedencia de los turistas. Ha disminuido el peso de los emisores tradicionales, como el Reino Unido (caída de 9 puntos) y Alemania (caída de 5 puntos), mientras que ha aumentado la llegada de turistas de EE. UU. y el Resto del Mundo.
Paralelamente, se ha producido un aumento en la calidad de la oferta alojativa. En los últimos 20 años, la proporción de plazas en hoteles de 4 y 5 estrellas ha pasado de un tercio (36% en 2004) a más de la mitad (56% en 2024). Esto demuestra una clara apuesta por la excelencia en el hospedaje.
El informe del Banco de España identifica varios factores clave que influyen en este dinamismo reciente. Se observa un desplazamiento del gasto hacia el ocio por parte de los hogares europeos. También, una mayor facilidad para la provisión transfronteriza de servicios tras la pandemia ha permitido la emergencia de modos de turismo que combinan trabajo y ocio (referencia al Alojamiento Flexible y a la tendencia bleisure). Otros factores incluyen la superación de cuellos de botella en el mercado de trabajo, especialmente en hostelería (gracias a los flujos migratorios), y un reposicionamiento geopolítico favorable de España al sur y oeste de Europa, percibida como una región de mayor seguridad y estabilidad en momentos de incertidumbre. La competitividad del sector turístico español a escala internacional es alta, destacando en seguridad, salud, recursos humanos, y disponibilidad de TIC e infraestructuras.
A pesar de este panorama positivo, el sector turístico español se enfrenta a retos compartidos con la economía en su conjunto. Entre ellos, la escasez de mano de obra, la adaptación al Cambio Climático, el impacto en el mercado de la vivienda y los desafíos en la gestión de infraestructuras. Abordar estos puntos será crucial para asegurar que el turismo siga siendo un motor de crecimiento sostenible para la economía española.