Cuando se habla del mercado de alquiler de corta duración, o Alojamiento Flexible, a menudo se visualizan grandes empresas o fondos de inversión. Sin embargo, un análisis detallado de la realidad española revela una composición muy distinta: el verdadero motor de este sector son los propietarios y arrendadores individuales y de pequeña escala.
Los datos son elocuentes. Un estudio reciente subraya que una abrumadora mayoría, más del 90% de los anfitriones en plataformas de alquiler de corta duración en España, son propietarios o pequeños arrendadores que gestionan entre 1 y 5 propiedades. De hecho, casi el 80% de estos anfitriones gestionan una sola propiedad. Esta atomización del mercado es una característica distintiva del Alojamiento Flexible en el país.
Esta composición es crucial para entender la dinámica del sector. La imagen de grandes holdings o inversores corporativos acaparando la oferta de viviendas turísticas no se corresponde con la realidad cuantitativa. Son, en su mayoría, particulares que complementan sus ingresos, o pequeños emprendedores que gestionan un número limitado de unidades.
La implicación de esta estructura de mercado es profunda, especialmente en el contexto de las regulaciones actuales y futuras. Las políticas diseñadas para «controlar» o «reducir» el Alojamiento Flexible impactan directamente en miles de pequeños actores económicos, quienes podrían verse obligados a retirar sus propiedades del mercado si las condiciones se vuelven insostenibles. Esto, a su vez, podría tener un efecto cascada en la economía local, afectando a servicios complementarios como la limpieza, el mantenimiento y la restauración.
Además, esta predominancia de pequeños propietarios complica la transición de estas viviendas hacia el alquiler de larga duración. Para un particular que complementa sus ingresos con el Alojamiento Flexible, las complejidades regulatorias, los riesgos de impago o la menor rentabilidad del alquiler tradicional pueden ser barreras insalvables. Como se ha observado en otras ocasiones, una regulación restrictiva podría llevar a que estas propiedades queden fuera de ambos mercados, en lugar de pasar automáticamente al alquiler residencial.
El estudio también sugiere que la concentración de este tipo de propiedades se da, principalmente, en zonas de alto atractivo turístico, como áreas costeras o centros urbanos históricos, donde la demanda de corta duración es constante y la rentabilidad es más atractiva que en el alquiler residencial.