El contrato de un propietario en el Four Seasons Resort Nevis tiene tres cifras que lo resumen: 100.000 dólares de entrada, más de 13.000 al año para seguir usando las instalaciones y una comisión del 25% sobre cualquier obra que el complejo ejecute para el dueño de la villa —el 15% si se trata de obra mayor—. A cambio, el estándar que promete una de las marcas más reconocidas del lujo hotelero.
La asociación que representa a 66 propietarios de 89 villas sostiene que ese estándar no se está cumpliendo, y el 11 de agosto lo llevó al Tribunal de Equidad de Delaware. La demandada es Nevis Peak Holdings, la propietaria del complejo, controlada por Cascade, la oficina familiar de Bill Gates, que compró el activo en 2016.
El detalle que más pesa de la demanda es un incendio. En octubre de 2022 el fuego destruyó la tienda del club de golf y el gimnasio. Casi cuatro años después, dicen los propietarios, no se ha reconstruido nada: solo hay una valla rodeando los escombros. Y cuando preguntaron quién pagaría la reconstrucción, la respuesta fue que la propiedad no tiene seguro de incendios sobre el complejo, de modo que cada dólar tendría que salir del bolsillo del dueño del activo. La demanda añade que los transformadores eléctricos se compraron de segunda mano, que algunos son más antiguos que el propio complejo —abierto en 1991— y que los grifos se quedan sin agua en la estación seca.
Las cuentas que presenta la asociación explican el enfado. Dice haber pagado más de 20 millones de dólares en cuotas de gestión y de club desde 2013 por reparaciones que nunca llegaron, y haber puesto 1,4 millones de su propio bolsillo en cuatro años para arreglos eléctricos y de infraestructura que considera ajenos. El propio Four Seasons cifró en más de 65 millones las obras que el complejo necesita. Los propietarios piden al juez que obligue a la propiedad a acometerlas y, si no, reclaman más de 100 millones por pérdida de valor. Cascade responde que se defenderá con vigor de unas reclamaciones que considera «completamente carentes de fundamento».
Tampoco es el primer pleito: tras el huracán Omar de 2008 los propietarios ya demandaron ante el mismo tribunal, y aquel caso se cerró en 2013 con un acuerdo que incluía dos reuniones anuales con la junta y las cuentas abiertas. Eso, sostienen ahora, tampoco se ha cumplido.
Hay un dato estructural en todo esto que conviene no pasar por alto: Four Seasons gestiona el complejo, pero no figura entre los demandados. La marca opera; el capital estructural lo asume el propietario del activo. Es la arquitectura habitual de las branded residences, y funciona sin fricción mientras el dueño invierte. Cuando deja de hacerlo, el residente descubre que su cuota anual compra servicio y enseña, no la obligación de reponer lo que se quema. Conviene tenerlo presente en un mercado como el español, donde la Costa del Sol concentra ya el 90% de los proyectos de este tipo y las marcas hoteleras están poniendo su bandera sobre producto residencial y de Alojamiento Flexible a buen ritmo. La pregunta que deja este pleito no es cuánto vale la marca, sino qué obliga exactamente el contrato que la trae.